Un poco de historia
La poesía costumbrista, como el tango, se apoyó en las tradiciones autóctonas, la forma de vida del porteño, el paisaje urbano de cada época y la decisiva influencia de la inmigración, siendo ésta un factor de cambio social tan significativo que se convirtió en importante fuente de inspiración por diversas razones.
La Ley Avellaneda abrió en 1880 las puertas de la inmigración europea, siendo la Argentina la segunda receptora de hombres y mujeres de todas las latitudes después de Estados Unidos. El crecimiento de la ciudad de Buenos Aires fue espectacular en las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX por la afluencia de familias procedentes de Europa y Medio Oriente que escapaban al hambre y a la miseria. Tras la finalización de la Primera Guerra Mundial, situación que se repetiría en las décadas del treinta y cuarenta con la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial, llegarían renovadas corrientes inmigratorias de variada procedencia y elevadas cargas de nuevas costumbres, rápidamente asimiladas por toda la ciudadanía, especialmente por las raíces que se fortalecieron a través de los descendientes.
El lugar de la mujer
En los comienzos del siglo XIX, en el Río de la Plata, se tomó el modelo europeo, en el que la mujer quedaba reducida a partir del ascenso de la burguesía a una condición de inferioridad que no difiere de las épocas anteriores. Fue Tomás Manuel de Anchorena, quien en 1828 en la sesión de la Cámara de Representantes de la Provincia de Buenos Aires, se opuso tenazmente a la educación de la mujer: “…ella sólo debe llenar los deberes de madre.”. Pero, a pesar de toda esta situación desfavorable, en el Censo Nacional de 1869 –durante la presidencia de Sarmiento– se reveló que casi el 50% de la población económicamente activa eran mujeres. Este desplazamiento masculino se debió a la constitución de ejércitos para sostener los conflictos interprovinciales y la guerra de la Triple Alianza (1865-1870). La mujer fue dejando el adentro y ganando el afuera. Se destacaron Rosa Guerra (educadora y poetisa), Juana Manso (educadora y periodista) y Trinidad Guevara (actriz), muy cuestionada por su vida amorosa ya que ella eligió vivir sin máscaras. Además, Juana Manuela Gorriti primera novelista argentina, la poeta Alfonsina Storni (1892-1938) y Cecilia Grierson, primera médica argentina recibida en 1889.
La mujer en el tango
Esta reseña histórica tiene la intención de mostrar en qué contexto social aparece la integración de la mujer en el tango, un mundo hegemónicamente masculino en sus inicios. La figura femenina estuvo siempre presente en el Tango a través del baile, como cupletistas en las primeras épocas, luego escritoras de letras, compositoras de música, intérpretes e investigadoras. Sobre todas ellas, aparece en las mismas canciones, como protagonistas, la figura emblemática de la madre y contrapuesta a ésta, la mujer “perdida”.
Numerosas mujeres, para poder pertenecer al movimiento artístico, tuvieron que travestirse, como la periodista María Luisa Carnelli, considerada la primera letrista de tango y la más fecunda. Ella firmaba como Mario Castro (nombre de su hijo) y Luis Mario, su nombre invertido y masculinizado. Micaela Sastre, hija de educador Marcos Sastre, también firmó con el nombre de su hijo, Rodolfo.
Un poco más sobre la mujer en el tango
Tita Merello, más conocida como Tita de Buenos Aires, merece destacarse por ser un símbolo de la Ciudad al igual que el Obelisco y Gardel. Fue una mujer avasalladora, caprichosa, sensible y temperamental. Cantante, actriz, compositora y autora. Se puso una coraza para sobrevivir en un medio hostil a la mujer.
Otras autoras, compositoras y cantantes fueron Azucena Maizani, Rosita Quiroga, Mercedes Simone, Ada Falcón, quienes aportaron belleza y voz al tango. En los años sesenta Susana Rinaldi establece una ruptura estética para las tangueras. De fuerte personalidad, actriz sobre el escenario e intérprete, impacta de tal manera que dejan de oírse las estridencias de pito adoptada por muchas intérpretes anteriores que, en realidad, era una imposición masculina. Surge, también, en esos años una nueva poética en la letra del tango, siendo su máxima representante Eladia Blazquez.
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Las letras de tango
El tema de la mujer en el tango tiene varias raíces que pueden ubicarse en la ideología social de la época: el machismo en la cultura occidental, los prejuicios, valores e ideas imperantes y, finalmente, el lugar que fue ocupando la mujer en cada momento histórico. La mirada de la mujer en el tango puede focalizarse según tenga un rol activo como cantante, instrumentista, compositora de letras o música de tango. Pero también podrá ser sujeto destinatario de las canciones, o sea, objeto/personaje de la lírica tanguera.
Hay otro aspecto para analizar, las letras de tango tienen una profunda carga simbólica y sobre todo en el tema de la madre. En las primeras décadas del siglo XX la letra tanguera oscila entre las relaciones amorosas incompletas y frustradas y la recurrencia sobre la “madrecita buena”. Alrededor de 1920 había una tasa decreciente de natalidad, era tan preocupante que le pusieron un nombre técnico “denatalidad”. Ésto tiene una explicación: el gran desequilibrio demográfico (inmigrantes en su mayoría hombres solos). La trata de blancas no fue una solución ya que esas mujeres eran traídas para satisfacer los deseos sexuales de los hombres solos y no para poblar el país. El pánico a este fenómeno de “denatalidad” promueve un nuevo ideal femenino “virginal, higiénica, nodriza y amorosa”, es decir, “la madrecita buena, sacrificada y sobre todo asexuada”. Estos mandatos tan fuertes bajan al pueblo a través de la moral religiosa, la escuela y, también, a través de los medios masivo de comunicación.
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